lunes, 16 de abril de 2012

Sociedad B

Somos los desquiciados.
Somos aquellos que al amor no comprendemos.
Y soltamos entonces ríos paralelos de rabia.
Somos odiados.

Somos nosotros los de corazón manchado
por la sangre de quienes arrebatamos la vida
con el olvido.
Somos almas sin esperanza ni destino.

Las líneas son trazadas desde un manicomio sin cura,
donde una silla atada a sus pies nos aguarda.

Somos cruces invertidas en las catedrales de la locura,
las heridas de un cuerpo a quienes nadie quiere sanar.
Nos purifica entonces el alcohol,
se esconden las mariposas tras las alas de la muerte.

Cabizbajos, de rodillas, sucios por la agonía.
Hijos de perra, somos los reales herederos
del patio del eterno silencio.
Lagrimas brotan de un libro en la hoguera.

Somos los desquiciados.
Malditos, confusos, gritamos con las manos en la boca.

Somos los que lamentan tu felicidad tan falsa.
Te burlas, pero de espaldas.
Temes que nuestra sombra sea más grande que la vuestra,
sabes que nunca miento.

Obscenas son las lenguas con que disparamos
pintura para oscurecer de absurdo al mundo alborotado,
y mientras gimen las rameras con el dolor más horrible
El último cuarto del más alto edificio arde en demencia.
Fuimos los que viven con los brazos vendados.

Lluvia, lluvia de dulces
que me hacen sentir de vuelta un niño.
Llueve de nuevo, caen espantos,
los verdugos enmascarados gritan a mis pies.
Y les escupo.
Somos…quienes somos?
Tal parece que nadie. Somos nadie
Para los que alcanzan con los dedos una sonrisa,
y acarician tan despreocupadamente los labios de otros.

Páginas negras de mi diario de vida.
Con polvo de mi piel postergada
te confieso mi vacío.
Soy quien será inmortal ante la pena.

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