Desde
el comienzo, cuando el color de
mis pupilas se tornó
color ciudad, color Santiago,
supe la veracidad de sus palabras.
Hace unas semanas
acepté el hecho
que a la sombra de esta ciudad
amaría solo.
Supe que terminaría
así,
como una torre bajo gas lacrimógeno,
o como una silueta vaga y solitaria,
O tal vez como bromeaste una noche: unas gafas que cruzan el Mapocho.
Hace unas semanas, cuando dejé
que te fueras de Santiago, de mi vida,
fue cuando entendí que mi amor
es un amor en blanco y negro.