viernes, 9 de noviembre de 2012

Siete días.


Siete días sin tus besos, y de tus detalles, apartado,
Es un canto, un desafío, donde me hallo ahogado y derrotado.
Siete días sin tus besos, sin tu piel ni tus suspiros,
Son tiempos que agonizan… hojas que caen en un otoño infinito.

Siete días sin tus besos, son horas y horas y minutos,
Y minutos y minutos y segundos, y piedras encendidas con el fuego más sombrío.
Siete días son, en este cuarto, un reloj quieto, muerto, dormido,
Y en seguida pienso en descansarte, pero el amor es intranquilo.

Siete días, siete noches, tiempo sin manillas, sin números, tiempo congelado,
Son tardes frías las que deberían ser ocasos envueltos en delirio,
Son momentos vacíos que deberían ser de dos,
Y traviesas miradas que son la copula de nuestros ojos.

Son tuyos estos versos no por siete días, sino por ese instante eterno que se toman nuestros labios.
Son tuyos estos versos, porque eres mi utopía, y mi llama sin el viento.
Tuyo soy por siempre porque vivir sin ti no puedo, imposible… no me atrevo.

jueves, 6 de septiembre de 2012

En blanco y negro.

Desde el comienzo, cuando el color de
mis pupilas se tornó
color ciudad, color Santiago,
supe la veracidad de sus palabras.

Hace unas semanas
acepté el hecho
que a la sombra de esta ciudad
 amaría solo.
Supe que terminaría
así,
como una torre bajo gas lacrimógeno,
 o como una silueta vaga y solitaria,
O tal vez como bromeaste una noche: unas gafas que cruzan el Mapocho.

Hace unas semanas, cuando dejé
que te fueras de Santiago, de mi vida,
fue cuando entendí que mi amor
es un amor en blanco y negro.

viernes, 10 de agosto de 2012

Hora reflexiva.


Señores todos
aquí presentes:
pido la palabra
para rogar silencio.

Infaustas horas,
o gritan como niñas
o hacen caer en el sueño,
o me hacen escribir esta protesta.

Así como he soportado
audaces falacias
y vagas melodías que de igualdad se arman
con la voz de los sonrientes mentirosos,
quiero que los de sangre roja,
sangre azul
y los sin sangre
escuchen mi vergonzoso voto de silencio.

Callen las mentes del sector más tímido,
cuyas bocas sólo existen
si el moderador las dibuja;
Pongan ustedes ‘’mute’’ a la masa libertaria,
no soporto la intolerancia al que no tolera,
menos los sueños rotos
ni al que huye de las consecuencias.

Mantengamos el círculo señores,
pero agachemos la cabeza.
Cerremos los ojos,
bostecemos,
soñemos entonces con un debate más digno,
con tiempo inagotable
con salas atiborradas de ideas
(caen de las ventanas como el agua en el vaso),
también con algo qué comer,
porque la mente no es culpable
de ser pobre.

Señores, no seamos ni realistas
ni idealistas
ni conformistas
ni pidamos lo imposible:
Trabajemos.
O durmamos, en una cama de paciencia.

miércoles, 11 de julio de 2012

Instante


Tu voz, nada más que tu voz, fue lo que se impuso como la nieve en primavera, ante palabras superfluas que merodeaban el lugar. Fue tu voz la que más escuché claramente, a pesar de tenerte lejos.  Fue tu voz la creadora de un aroma ilusorio, era una flor la que desprendía esperanza, y no fue más que la campana de aquella catedral abandonada, sin luz ni bostezo, nada, templo sin aquelarres, de allí resuena la mentira.
De tus dulces labios.
No.
Nunca probé tu boca, y lo digo como si fuera un algodón de azúcar, de esos que comimos una vez, sólo una vez.
Así que otra será la comparación; del desierto florido en el que inmerso me mantuve durante las clases de un pasado, dónde me perdía con tanta fantasía, entre tanto pétalo de ternura y decisión, divagaba entre la idea de sentirme deseado y otra que me alentaba a posar mis pupilas en tu llama ondulante.
Tras largos vuelos de las horas sobre palomas de viento y luna, tus palabras sonaron sutiles, y menospreciaron a lo que el gentío llama sacro.
Ansiaba volver a verte, tocarte con o sin la piel, abrazar la cadera que sentí mía una tarde, sentirte mía aunque jamás lo fuiste. Darte la mano que tu calor reclamó suyo. Recuerdos.
Porque volver a verte es colocar nuevamente una balada que enaltece al vino y distrae a la suerte.
Por eso también te odiaba y no quería mirar tus dientes, ni ser el blanco de alguna frase musitada por ti. No, no lo quería, congelado el contacto, nada que hablar, todo olvidado. Basta de una vez que ya morí con tu silencio, tú, flor impasible, te confundes entre el cómplice y el autor.
Definitivamente te odiaba. El mayor desprecio es aquél que petrifica las tierras de Baco; las que seca inquietantemente un mar de sensibilidad. No hay sentimientos. Nada más importa, la carne termina de pudrirse.
Y cuando las estrellas ya han caído, todas, en ese mismo instante también  en que mis colosos de tierra y sombra dejaron de sangrar, porque la herida desmayó; fue (¡maldición!) cuando hiciste una pregunta, entremedio del desorden que suponía la ida del joven docente.
‘’¿Cuándo te veo?’’
¿Qué cuando me ves? ¿Qué día verás nuevamente a esta triste figura, ácrata en su ropaje, perdido entre las ideas?
Pienso, luego dejo de vivir.
Saludos fríos, intercambio breve, ¿breve entiendes? De exponentes al código más formal que denota distancia. Ya estamos lejos, así quedamos.
Y después de un tiempo vuelves a tenerme a unos metros, y luego vengo y orgulloso, devuelvo lo que no es mío.
¿Y sólo quieres verme para hacer lo mismo?
¿Triunfo sobre triunfo?
Proponerle tregua al remordimiento.
Tal vez en el fondo quise que hubiera una segunda y hasta quinta lectura en tu duda.
Tal vez, no quiero pensar en ello.
Certeza sí tengo de algo: que tus pies y tu locura sonrieron de felicidad al verlo llegar.

jueves, 7 de junio de 2012

Una sonrisa voló sobre los árboles.


Una sonrisa voló sobre los árboles.
Tal ente
radiante
susurraba algo sincero
por debajo de las ramas,
lo que nace de las sombras
entre los nidos de amantes.

Del balcón colorido de tu boca,
con mirada hacia la tela
donde las estrellas dibujaban su rostro,
También rezaba una luna por su muerte,
sabiendo que tus labios danzaron
por él
sin respirar
bajo su envidia plateada.

Todos,
sin aliento
sin pensar
conmoción y nostalgia.
Todos
fuimos piedra en la orgía,
lluvia que cae de las manos,
cae suavemente al jardín de los deseos
un pantano que había.

Una sonrisa
partió la noche,
y las cenizas del sueño
se perdieron entre tanta tierra.
La copia imperecedera de tus labios,
después de la odisea
colmó de amor a las almas
soñadoras de tan bello gesto,
queriendo ser
lo que vuela entre nosotros;
Yo anhelando moría ser
el blanco de la Luna.

lunes, 16 de abril de 2012

Sociedad B

Somos los desquiciados.
Somos aquellos que al amor no comprendemos.
Y soltamos entonces ríos paralelos de rabia.
Somos odiados.

Somos nosotros los de corazón manchado
por la sangre de quienes arrebatamos la vida
con el olvido.
Somos almas sin esperanza ni destino.

Las líneas son trazadas desde un manicomio sin cura,
donde una silla atada a sus pies nos aguarda.

Somos cruces invertidas en las catedrales de la locura,
las heridas de un cuerpo a quienes nadie quiere sanar.
Nos purifica entonces el alcohol,
se esconden las mariposas tras las alas de la muerte.

Cabizbajos, de rodillas, sucios por la agonía.
Hijos de perra, somos los reales herederos
del patio del eterno silencio.
Lagrimas brotan de un libro en la hoguera.

Somos los desquiciados.
Malditos, confusos, gritamos con las manos en la boca.

Somos los que lamentan tu felicidad tan falsa.
Te burlas, pero de espaldas.
Temes que nuestra sombra sea más grande que la vuestra,
sabes que nunca miento.

Obscenas son las lenguas con que disparamos
pintura para oscurecer de absurdo al mundo alborotado,
y mientras gimen las rameras con el dolor más horrible
El último cuarto del más alto edificio arde en demencia.
Fuimos los que viven con los brazos vendados.

Lluvia, lluvia de dulces
que me hacen sentir de vuelta un niño.
Llueve de nuevo, caen espantos,
los verdugos enmascarados gritan a mis pies.
Y les escupo.
Somos…quienes somos?
Tal parece que nadie. Somos nadie
Para los que alcanzan con los dedos una sonrisa,
y acarician tan despreocupadamente los labios de otros.

Páginas negras de mi diario de vida.
Con polvo de mi piel postergada
te confieso mi vacío.
Soy quien será inmortal ante la pena.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Final.

El día en que las flores callen, enmudeciendo al unísono su color;
Y cuando las estrellas en el oscuro firmamento, caigan de dolor;
Y cuando los artistas sean los que conquisten mediante la revolución,
Cantando/escribiendo/pintando/tocando/esculpiendo
en medio de lo trágico y de humana creación;

La tarde en el que el tiempo cese y sus gaviotas queden quietas,
Congelando en un instante a la mar regurgitando rocas,
Parando de una vez por todas el dolor terrible de una costa ennegrecida,
Impidiendo que la vida nade en un acuario, que lentamente agoniza;

Y cuando el espacio sea reducido a sólo un puño,
Que se alce ante un todo con proyección al infinito,
Que se enarbole con el aura zigzagueante que refulge libertad, fraternidad y otros sueños,
Un todo resumido a solo la sombra de tus labios;

Y cuando tu alma sea la que me olvide,
Y no sea tu boca, ni los pensamientos del momento,
Ni siquiera las emociones que explotaron brevemente,
Será cuando, por ti Mi Cielo, te deje de amar, aunque la vida me cueste.

jueves, 16 de febrero de 2012

Violeta

Del cristal germina el vino hacia la tierra
Color de vida y escarlata, se desploma zigzagueante,
Recorriendo mi mejilla reflejando una tarde,
Deletreando asiduamente una pena.

En el traslúcido cielo que es tu canto,
Vuela por lo bajo lo sincero que te cerca
Lo que forman tus sentidos que son piedras o son rosas
Camufladas que cruzan un océano suspirado.

El delirio es profundo aunque poco se note
                               /Pero dice la nada
Bajo la superficie de un amor que todo lo escribe,
                               /Mas nunca se calla.

Crear sin destruir,
Cantar sin acallar,
Avanzar sin sufrir,
Amarte, sin llorar.
(¿Se puede así vivir?)

Torbellino de emociones que respiran/tragan
Como si la brisa que tu exhalas alguna vez concluyera
Ese aire que en cada instante viajero, deja de ser mío
Y pasa a ser de un alguien en quien se refleja tu frágil entrega.

Un impulso que denota un beso,
El amor encarnado en miradas despreciadas
No se duermen no se duermen bajo mi techo.

Espero una respuesta con impaciencia lastimosa
¿Ya viene? ¡Ya llega! Y mis oídos parecen fatigados.
Y es como un puñal forjado con las lágrimas de su herrero.
Es indiferencia brotando en boca de un desesperado poeta.

No sé que se piensa en los tiempos de las flores dolidas de la costa
Sólo escucho un coro de guitarras cantan cantan amargura
Y se impregna a mi piel porque es mía y es de ella
Confesiones que desgarran lo que amo. Verdad santa e impura. 

viernes, 20 de enero de 2012

Confesión de Madrugada

Me gusta tu mirada,
esa que brota al leer lo que (te) escribo.
Me gusta tu aura,
Y tu pelo
con el color de la naturaleza
terminado en fuego.

Me gusta tu simpatía
tan contigua a mis manos,
al igual que tus pasos,
cada vez que te acercas.

Me enamora tu voz cada vez que la escucho,
la que acalla a los vientos y endulza a la historia;
Tu estilo es el astro que a diario flirtea
Con cada bestia sometida a lo absurdo
También con la noche que se tiñe de llamas,
Despertando los celos
Repartiendo delirios que agonizan en la esperanza;
A los ángeles enamorando
con tu velo bañado en intriga escarlata.

Liberas
o escondes,
depende de mis palabras
la música que acallas, cohibiéndose al tacto;
Los matices de una tarde
los define mi brazo
rodeando tu cadera
En un marco de aves,
un breve verano,
nuestros pies bajo arena.

Me gusta tu figura
armónica, esbelta, sin
los colores que los crueles pretéritos otorgan,
siempre firme, al carajo el fin
cuando entiendes como sabe lo prohibido.

Lo que sale de tu boca
articulada con más fuerza
por tu lengua, también me gusta,
Y lo trazo en los muros
de todos los inviernos
para así recordarte, cuando estas lejos,
descansando de la vida,
O del ilegible sentimiento;
Reposa, oh Lirio, sobre mis hojas pálidas,
Recuéstate en mi propia cama,
Duérmete en mi corazón semi-lleno.

Cautivas mis ideas.
Tú.
Y nadie más.
Eres la razón por la cual abrir los ojos, entre tanta obscuridad.
Eres por quien yo vuelvo a desempolvar esos viejos sentimientos, aquellos desamparados por mi voz quebrantada ante la necedad propia.

Por ti, vuelvo a sentir calor cuando beso a Los Andes
toco Alaska
balbuceo al Himalaya.
Tu lectura del alma fue la mano que rescatome del Hades. 

jueves, 5 de enero de 2012

Suplica.

Por favor, no juegues conmigo.
No saques ventaja de errores pasados,
pues contigo aprendo a amar, y a ser amado.

No juegues conmigo,
porque una traición basta
para que el deseo de estar aquí, vuele lejos sin retorno.

No juegues conmigo.
No conviertas mi figura
en una sombra, que acaso eclipse un recuerdo.

No juegues conmigo,
no con mi corazón inexperto,
Tan falto de locura, de labios viajeros, de amor sincero.

No juegues conmigo, mujer,
Tómame por favor en serio.
Volver a ser iluminado por la oscuridad de ese farol, es derrota, suicidio incierto.

Si acaso juegas conmigo,
te ruego lo dejes ahora, sin espera.
Mi pecho estalla y el saber asfixia, no libera.

Ya nada es sorpresa a medida que avanzo.
Amarrado me encuentro a tus hilos, a tus manos. A un capricho?

Es un punto de no retorno. Comenzaste esto,
y titubeé al principio. Te lo dije, querer es un desafío.

Tomaste mi corazón (al descubierto lo dejaste)
Y aquí me tienes, en el bolsillo de tu jeans, colgado a tu oreja, escribiendo versos en tu piel morena.

No juegues, ya basta.
Me escuchas?
No lo sigas haciendo. El daño es irreversible. El afecto, el afecto, el afecto…

Yo sé que tú sabes.
Mas, cuánto sabes?
Ahora lo creo. El amor es más que ciego.

Ciego porque oigo tus palabras,
un te amo, un roce, tu cabeza en mi hombro
Y por amarte, dejo sin guardia
Mis deseos, mis miserias, mis anhelos.

Y me encuentras estúpido.
Con el silencio matas al sensible poeta,
Al niño apasionado.

Si ya todo está perdido, no quiero oírlo.
Si acaso es tarde, perderé entonces el aliento en una lucha opresiva.
Si probablemente, para tu amor no hay remedio,
Te pido entonces des paso al recreo, y mira los ojos del hombre que por tu vida cela.